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Color para revalorizar el patrimonio de una ciudad

¿Puede el empleo del color en las fachadas modificar el aspecto de una calle, un barrio o una ciudad entera hasta el punto de revalorizarlas? Esta técnica sencilla y no demasiado explotada ha sido utilizada en la ciudad francesa de Lyon.

Las fachadas son los rostros que configuran la imagen de una ciudad y por tanto hay que prestarles la atención que merecen. Estamos acostumbrados a cuidar el interiorismo de lo que esconden las paredes de un inmueble, pero muchas veces no reparamos en la importancia del exterior.  Los colores tienen el poder de transformar, no una casa sino incluso una ciudad entera, proporcionando calidad urbana a sus habitantes y siendo un importante polo de atracción para turistas y visitantes.

En Lyon, declarada Patrimonio de la Humanidad desde 1998, lo saben y por eso los técnicos arquitectos del equipo de gobierno llevan tiempo apostando por revalorizar la ciudad gracias al tratamiento de sus ambientes urbanos. Para ello, no se han valido de nuevas construcciones o hitos arquitectónicos diseñados por arquitectos de reconocido prestigio, sino que lo han hecho principalmente mediante dos elementos muy sencillos: el color y la iluminación.  Para llevarlo a cabo, su propuesta se basó en un triple enfoque: el color del barrio, el color de la calle o plaza donde se ubica y la visión concreta del inmueble. Los edificios no son piezas individuales que puedan existir alejadas del diálogo que mantienen con su entorno. Las fachadas proporcionan el carácter general del barrio o la urbe definiendo el ambiente urbano y enmarcando la actividad ciudadana.

Así lo entendieron en la ciudad francesa en la que la percepción de la misma durante el día está condicionada no solo por el color, también por las diferentes tonalidades, la incidencia de la luz y los matices que proyectan las sombras. Es fácil identificar una ciudad solo por los colores de sus fachadas: los pueblos blancos de Andalucía; el azul de las paredes, puertas y ventanas de la ciudad marroquí de Chefchauoen; las casas multicolores del bonaerense Caminito o el tinte rosado de la ciudad india de Jaipur. El color en todos estos casos se convierte en una seña de identidad. En estas localidades, la aplicación del color se suele realizar a partir de un fondo que sirve para destacar y realzar elementos y detalles arquitectónicos.

El color en las fachadas tiene la potestad de modificar el aspecto apagado y gris de las viejas ciudades y convertirlo en una instantánea mil veces reproducida a través, no solo de las fotografías, sino también de la memoria de sus visitantes consiguiendo así uno de los objetivos más difíciles a los que opta toda urbe, que su patrimonio sobresalga y se distinga.

 

 

 

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